🕒 Última actualización:
septiembre 24, 2025
Las protestas juveniles de la llamada Generación Z han generado mayor relevancia en las últimas semanas. En Nepal, el estallido social iniciado el 4 de septiembre dejó al menos 72 muertos y más de doscientos heridos, según cifras oficiales difundidas hace una semana por el secretario jefe Eaknarayan Aryal. El movimiento, organizado principalmente a través de la plataforma Discord, forzó la renuncia del primer ministro K.P. Sharma Oli después de que este impusiera un bloqueo a redes sociales, y derivó en un gobierno interino encabezado por Sushila Karki. Durante las movilizaciones ardieron edificios emblemáticos como el parlamento, el Tribunal Supremo y sedes de partidos, y el Ejecutivo provisional habría tenido que ofrecer compensaciones a las familias de los fallecidos y atención gratuita a los heridos. El caso nepalí representaría cómo la Generación Z articula movimientos masivos sin liderazgos claros, movilizando tanto la calle como el ciberespacio, según reportan medios como DW o Infobae. Esa doble dimensión de la protesta, presencial y digital, destacarían en la primera generación completamente nativa digital. Crecieron con celulares y plataformas de streaming, y consumen e interpretan la política en formatos que combinan lenguaje cultural, memes y códigos compartidos en línea.
En América Latina, DW refiere que, en Perú, la bandera del anime One Piece apareció en una marcha contra una reforma de pensiones, un ejemplo de cómo símbolos de la cultura pop se integrarían en reclamos sociales. En Chile, durante el estallido de 2019, cosplayers se unieron a las manifestaciones, mientras en México colectivos feministas han usado plataformas como Roblox para difundir sus consignas. Se trata de un repertorio híbrido en el que lo digital expandería y resignificaría la acción política tradicional. Ese activismo contrasta con las tensiones educativas y laborales. Cada vez más jóvenes optarían por certificaciones cortas o formación técnica, mientras lidiarían con empleos considerados precarios. Infobae subraya que, en este contexto, muchos buscarían monetizar su identidad: la marca personal en redes se convertiría en una vía de ingresos y de posicionamiento profesional. Pero esta monetización dependería de algoritmos inestables y abriría la puerta a nuevas formas de precarización, al tiempo que generaría una presión constante por 'visibilidad y autenticidad'.
La desigualdad de género y la brecha digital reforzarían las causas de movilización. DW, con datos de UNFPA (Fondo de Población de las Naciones Unidas), dicw que alrededor del 20% de los jóvenes en la región ni estudiaría ni trabajaría, con mayoría de mujeres, muchas dedicadas a cuidados no remunerados. A ello se sumaría un acceso desigual a dispositivos y conectividad, En este escenario, las protestas adquieren un carácter interseccional: se reclama por trabajo, educación, equidad de género y condiciones tecnológicas mínimas. El valor político de estas movilizaciones estaría en sus demandas, pero también en sus formas. Desde hashtags y transmisiones en vivo hasta el uso de personajes de anime o videojuegos en marchas físicas, la protesta juvenil desbordaría los marcos tradicionales. Infobae añade que una exigencia generacional de empleos 'con sentido, equilibrio entre vida y trabajo, y culturas organizacionales más humanas' sería otro tema a abordar en el fenómeno de la generación. Esta expectativa laboral se conectaría con la protesta: la Gen Z no rechazaría trabajar, pero sí rechazaría un modelo 'rígido y autoritario'. La flexibilidad, la autenticidad y la posibilidad de construir comunidad, ya sea en un empleo o en un movimiento político, serían las condiciones.
Vía: DW • Infobae • SWI • EFE


